Volátil

¿Qué hay en el fondo del gobierno de coalición en el que solo gobierna el PSOE? Una corrosión de todo lo institucional. Olvidemos del pin parental, el supuesto 155 para la Región de Murcia o que la izquierda comunista se haya sentado en Consejo de Ministros por primera vez desde la II República. Lo verdaderamente nocivo de este gobierno es que es el último de Pedro Sánchez y posiblemente lo que quede detrás para el siguiente – da igual si es del PSOE o del PP – sea tierra quemada. Eso si la Derecha moderada, torpe e insegura de sí misma y atemorizada por el matonismo de Vox, no perpetúa al presidente en el poder, que todo es posible.

Que Unidas Podemos haya entrado en el Consejo de Ministros es una mera provocación, un pulso para que se llenen las bocas diciendo que Sánchez es el primero que trae comunistas al gobierno desde los años 30. Ciertamente, las competencias entregadas a los ministerios de Podemos son ínfimas: han sido divididas carteras que eran inseparables solamente para aislarlos del poder, diluidos sus cargos en un océano de cargos socialistas mucho más poderosos, coartadas sus iniciativas por las cesiones hechas años atrás a las Comunidades Autónomas. ¿Alberto Garzón, militante del Partido Comunista de España, como ministro de Interior, Justicia o Hacienda? Eso es un peligro. ¿Alberto Garzón como ministro de Consumo? Tiene entre sus competencias las casas de apuestas, que ya regulan las comunidades autónomas como hizo en el verano Galicia, y las campañas publicitarias para advertir del riesgo del tabaco. Puede que hasta lo haga bien.

Unidas Podemos y su secretario general junto a la secretaria general consorte —algo bananero, de corte peronista— han entrado en el Gobierno a pesar de que Pedro Sánchez los desprecie porque después del fracaso que para él fue el 10-N (donde estaba convencido de que sacaría 150 escaños), no le quedaba otra alternativa. Ahora juega a fagocitar a Podemos desde dentro del Gobierno. Lo que trasciende de todo esto es que cuando Pedro Sánchez se encuentra acorralado, hace lo que sea por sobrevivir y el enemigo más débil de todos puede matarte en su último intento por salvar la vida. Un Sánchez acorralado es un Sánchez volátil. Éste es un gobierno volátil que pretende volatilizar el Estado para asegurarse el control, para serenarse. Un síntoma de volatilidad es invitar a la extrema izquierda al Gobierno tras haber declarado públicamente en televisión que eso sería algo que al presidente del Gobierno le causaría insomnio. Un síntoma de volatilidad es pactar con EH Bildu, a cara descubierta, sin siquiera la vergonzosa intervención del PNV, los presupuestos de Navarra — ‘porque mientras se aprueben, que nadie se queje’ (Consejera de Economía y Hacienda del Gobierno foral de Navarra dixit). Un síntoma de volatilidad es acabar de un plumazo con la apariencia —sobre la que también se sustenta el sistema, como han recordado los integrantes del Consejo General del Poder Judicial— de autonomía de la Fiscalía General del Estado proponiendo como fiscal a una persona que recién sale de La Moncloa.

«De perdidos, al río. Todo vale. Hay una primera vez para todo.» Esas son las máximas que Iván Redondo, antes director del Gabinete de Presidencia del Gobierno, ahora alter ego y valido de Pedro Sánchez, ha inculcado al presidente del Gobierno. La opinión pública en la era de la información se alimenta de noticias breves, de titulares, que a la semana se han olvidado. La información es fugaz e inestable, luego en el campo de la inestabilidad se puede sobrevivir. El PSOE juega a que la gente se lleva las manos a la cabeza —¡una ministra de Justicia convertida en fiscal!— durante unas horas con tal de que callen el resto del día. Y tienen la medida cogida a la opinión púbica. Una noticia escandalosa llena titulares y se olvida al momento. Es volátil. Perfecta. Así es como va a funcionar este gobierno, como una poderosa empresa de marketing: todo serán anuncios, publicidad, que tendrán importancia momentánea, hasta que los reemplace otro.

Mientras tanto sufre y se resiente el Estado, sus estructuras.

Para sobrevivir Sánchez ha ingeniado un gobierno que denosta la naturaleza del mismo. Un gobierno con 22 ministerios en el que al menos seis de ellos son mero atrezzo porque se han separado de otros no siguiendo criterios de racionalidad administrativa sino de interés partidista, es un gobierno humillante para el país. Y no solo porque redoble el gasto y torpedee la eficiencia, sino porque resta seriedad a lo que supone ser ministro del Reino de España. Para contentar a sus socios separatistas y que le concedan los Presupuestos contra los que ya cayó una vez, Sánchez no ha dudado en proponer a Dolores Delgado como fiscal general del Estado y pretender que se compre el argumento de que es una mujer preparada. También lo era la señora María José Segarra. Pero no era diputada del PSOE por Segovia, algo que Dolores Delgado sí es. Por el interés de Pedro Sánchez sufre la autonomía de la fiscalía y se consolida la imagen de que es una institución al servicio de quien se siente en la Moncloa. Pedro Sánchez pasará pero el precedente será lo que sobrevivirá. Lo que debía ser escandaloso, inadmisible para la opinión pública y para las fuerzas tectónicas que controlan la acción del gobierno —que en democracia no son otros que los medios de comunicación que se expresan libremente—, pronto será normativo y asumible. El caso de Cataluña no es menos importante pero no porque Sánchez vaya a conceder la autodeterminación. Todo lo contrario: seguramente pronto asistamos a una traición del PSOE a Esquerra Republicana o viceversa. Lo verdaderamente terrible es que debilita al Estado, al constitucionalismo. Cuando el presidente del Gobierno, movido por el interés que fuere, concede a una comunidad autónoma el derecho a decidir en una consulta sobre lo que le parezca el acuerdo alcanzado en una mesa bilateral, negada a otras autonomías, entre el Gobierno y la Generalitat, como si fuera un tratado internacional, está debilitando la institución que representa. Da la impresión de estar vendido a los independentistas, aunque en realidad no lo esté y esté esperando el momento oportuno para acuchillarlos por la espalda, y eso causa un daño inmensurable a la propia cohesión estructural y moral del Estado.

Muchas veces me he preguntado si Sánchez, con sus arbitrarios cambios de opinión, su permanente juego de póker mental (suyo o de Redondo), podía considerarse un exponente de la realpolitik — las cosas como son, el rechazo al idealismo, el arte de todo lo que es posible. No lo es. La realpolitik retuerce las reglas en favor del bien común y por razón de Estado. No hay una razón de Estado detrás de los movimientos de Sánchez. Solo un motivo de supervivencia personal; el Estado, aunque sin duda lo sobrevivirá, va a sufrir un desgaste del que tardará en recuperarse. El mismo descrédito y crisis que la corrupción produjo en la clase política, lo sufrirá el Estado si se prolonga en el tiempo este estiramiento y estrangulamiento de sus instituciones. Igual que hay política después de la corrupción, habrá Estado después del que se estrangulen sus instituciones, pero será mucho el tiempo que tardarán en volver a la alta política la convivencia territorial, la independencia judicial y el honor y la palabra.

3 comentarios sobre “Volátil

  1. Muy acertado tu analisis de nuevo Alfonso …..NECESITAMOS UN LIDER QUE AGLUTINE LA DERECHA¡¡¡¡¡¡¡

    Y probablemente sea alguien que no este en la Politica actualmente , ni haya estado como el señor ese de Teruel Existe ….alguien totalmente nuevo .

    VOX ,CS y PP han encallado en sus cuitas internas y solo les interesa sus respectivos Partidos, LA PARTITOCRACIA DESHONESTA es el cancer de la democracia ….son muy mediocres ….y esto es lo mas desesperante, cara a que lo que tenemos ahora desaparezca lo antes posible.

    VIVA EL REY ¡¡¡ y VIVA ESPAÑA ¡¡¡¡

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