Estados Unidos y su lugar en el mundo

En esta edición de marzo del Foreign Affairs, Joe Biden, uno de los candidatos demócratas a la Casa Blanca este 2020, escribe sobre la estrategia que tiene para que Estados Unidos vuelva a liderar al mundo, regrese al escenario internacional, tras la marcha de Donald J. Trump. El ex-vicepresidente de Estados Unidos señala a Trump como artífice de una política exterior errática que está aunando esfuerzos junto a los enemigos del orden mundial internacional para destruirlo. Se presenta como una alternativa para devolver a Estados Unidos a la cúspide del mundo libre. «Placing the United States back at the head of the table», escribe Biden. (Para quien interese, pongo el link a su artículo).

Biden encarna una tradición de política exterior semejante a la de Barack Obama: de primeras parece pecar de idealista pero luego, como se vio con aquel presidente entre 2009 y 2017, es bastante realista. Biden se encuentra dentro de una de las tradiciones de política exterior americanas conocida como «Hamiltonianism», por el general Alexander Hamilton, secretario del Tesoro bajo el presidente Washington. El Hamiltonianism encarna la forma más europea de hacer política: es una tradicional apuesta por la balanza de poder, por el mundo como es, no como ansiaríamos que fuera — que es el tema clave de la principal crónica de los años de Obama, The world as it is de Ben Rhodes. Biden aboga por un regreso responsable de Estados Unidos al mundo, casi haciendo suya la famosa consiga descrita por Robert Kagan en The New Republic en 2014 «Superpowers don’t get to retire»: Estados Unidos, como principal potencia militar, diplomática y económica, no puede sencillamente retirarse del mundo; es una fuerza ordenadora del sistema internacional. Contrariamente a Trump, la política por la que se decanta Biden es la de no dejar que el sistema creado por América en 1945 se venga abajo simplemente por dejación de funciones por parte de su creador.

El Hamiltonianism está considerada una de la cuatro tradiciones de la política exterior americana. Las otras tres son:

  • Wilsonianism, siguiendo las directrices del presidente Woodrow Wilson (1913-1921), que aboga por el internacionalismo, busca el multilateralismo, la protección de los derechos fundamentales, y ansía regirse por el derecho internacional estrictamente. Hoy se identifica con el humanitarismo liberal intervencionista;
  • Jeffersonianism: siguiendo el modelo del presidente Thomas Jefferson (1801-1809), que aboga por la exaltación de los valores democráticos americanos, el poder de sus ideas y sus valores, de su excepcionalismo (la idea de que América es el «city on the hill» en la que todos se miran) y que se traduce a día de hoy en el neoconservadurismo;
  • Jacksonianism: basado en el planteamiento del presidente Andrew Jackson (1829-1837) y que defiende el aislamiento del mundo, una abdicación de lo internacional hasta que sea estrictamente necesario, un rechazo de la guerra limitada, y una sensación de nativismo y superioridad moral;

Es fácil saber en qué tradición se enmarca el presidente Donald J. Trump. La fotografía con la que abrimos este artículo lo dice: el retrato que cuelga junto a la mesa del Despacho Oval es el de Andrew Jackson. Parece ser que fue Steve Bannon, el ideólogo de la campaña de Trump y padrino de movimientos populista-xenófobos de extrema derecha en Europa, quien introdujo a Trump a la tradición Jacksoniana —difícil que el presidente se hubiera topado con ella entre sus lecturas.

1027011_1_0209-Andrew-Jackson.jpg_standard
Donald J Trump hablando en el Despacho Oval de la Casa Blanca bajo la atenta mirada del presidente Andrew Jackson.

Trump ha desarrollado una política exterior consistente con el ideal Jacksoniano de aislamiento: ha desdeñado a sus aliados —nunca antes un presidente americano se había mostrado tan crítico con la Unión Europea y la Alianza Atlántica— y enquistado conflictos como el comercial con China o el de la cuestión nuclear con Irán. Trump está cuestionando el liderazgo mundial de los Estados Unidos, cuestionando el mandato tácito que hace a América protectora del sistema internacional.

Durante los próximos cuatro años, en los que Trump será con toda probabilidad presidente, Estados Unidos continuará en una deriva que es extremadamente nociva para el orden internacional. Si Trump ha aliviado la guerra comercial con China es porque hay unas elecciones en noviembre pero una vez sea reelegido, y ya sin la presión de tener que volver a presentarse en el 2024, terminará de consumar este regreso al aislamiento típico de la era anterior a la Guerra de Secesión. Pero entonces Estados Unidos no era la potencia global que es hoy. La abdicación americana de un sistema internacional que es el suyo tendrá terribles consecuencias para lo que se denomina el orden mundial liberal. Si la enfermedad de este orden ha sido el sobre-estiramiento, Trump propone una sobredosis de la medicina (el aislamiento); en cualquier caso, la muerte está garantizada. Se ha hablado mucho últimamente de que la única forma en la que el orden liberal puede sobrevivir en el largo plazo es volviéndose conservador. El mundo occidental, Estados Unidos el primero, debe reconciliarse con las características del sistema a pesar de que no sean de su agrado y esperar a recuperarse de las últimas décadas de hiperactividad. Es una fase conservadora, de realismo, lo que salvará al orden de 1945 implosionar.

Sin embargo, una giro conservador no es un giro Jacksoniano sino un giro Hamiltoniano como el que propone Joe Biden. En ningún caso puede Estados Unidos abdicar de su responsabilidad de líder del sistema internacional pues esto ocasionaría un descompensamiento de poder a nivel global de consecuencias políticas y económicas impredecibles. El mundo hace tiempo que se dirige a una dinámica de grandes potencias, semejante a la del siglo XIX, en la que va a ser necesario que el bloque occidental, liderado por Estados Unidos, haga por mantener un equilibrio que permita su hegemonía. El ascenso de estas nuevas potencias es una amenaza directa hacia el orden establecido. Un ejemplo sencillo pero pertinente: el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde los cinco miembros permanentes y con derecho a veto son los vencedores de la Segunda Guerra Mundial (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia). Se critica que tres de los cinco asientos los ocupen países occidentales. India, Brazil, entre otras potencias emergentes, critican estar excluidas de este organismo que sin duda consolida la hegemonía liberal.

Estados Unidos no encerrarse en sí mismo cuando hay muchas y poderosas voces cuestionando todo el sistema que representa. Y es que es posible que para cuando Trump abandone la Casa Blanca, for good, en 2024, ya no se pueda hacer nada por el orden liberal. Es crucial abrir los ojos y constatar que el dominio de occidente se está cayendo a pedazos, que a duras penas puede revertir el ascenso de nuevas potencias y revertir la proliferación del iliberalismo dentro de la esfera liberal. Es imprescindible hacer caso a esta llamada de atención pues los próximos cuatro años pueden constituir un cambio paradigmático irreversible.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s