Renacimiento

La moción de censura presentada por Vox contra el Gobierno de Pedro Sánchez ha servido para consolidar dos fenómenos: la consolidación de la llamada mayoría «Frankenstein» y la de Pablo Casado como líder indiscutible de la Derecha racional. Sospecho que no eran estos los objetivos con los que Santiago Abascal presentaba su candidatura a la Presidencia del Gobierno pero son las consecuencias de sus actos poco meditados e impulsivos.

El Partido Popular estaba en serios apuros con esta moción de censura. Se enfrentaba al debate interno de si abstenerse o votar en contra. Lo primero podría suponer dejarse llevar por el rumbo de Vox; lo segundo, votar lo mismo que Pedro Sánchez y su cohorte de socios. En mayores apuros podía ponerlo el discurso que realizara el candidato a la Presidencia, pues la moción de censura en España tiene un carácter constructivo, ideado por los padres constitucionales para evitar que a la pérdida de confianza por parte de un gobierno siguiera un periodo de inestabilidad. Abascal tenía una oportunidad dorada para darle la estocada mortal a un PP acosado por los fantasmas de la corrupción estos últimos meses e incómodo con el tema de la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Podía quedar retratado. Todo dependía del discurso que ofreciese el candidato. La lógica de la moción de censura es la siguiente: un portavoz la defiende, es decir, explica los motivos por los que es necesario censurar al gobierno, mientras que el candidato sube a la tribuna después para ofrecer a los diputados la alternativa. Tiene que presentar un programa de Gobierno. Es aquí donde Vox ha fallado, como desde siempre vinimos advirtiendo en De Historia, Política y Perros: los populismos fracasan a la hora de pasar de los actos discursivos a la gestión del poder pues no tienen ideas, capacidad, ni conocimiento para nada que no sea una crítica idealista.

Abascal repitió muchos de los argumentos hechos por su portavoz; motivos para censurar al Gobierno de Pedro Sánchez sobran. Pero el pecado del populismo y la demagogia estaba ahí, latente, emergió y lo retrató. Abascal cayó en un torbellino de patético conspiracionismo: habló de la ingeniería del «virus chino» —luego supongo que se criticará que se llame a la gripe del 18 «gripe española»—, de la conjura internacional poco menos que judeomasónica dirigida por George Soros, y atacó a la Unión Europea, a las «élites de Bruselas», de cuyos fondos de recuperación depende la salvación económica del país. No hay una gestión peor que la del Gobierno de España, tanto en temas de la pandemia como en temas políticos: el autoritarismo con el que ha cargado contra comunidades autónomas que no le eran afines, el ataque al Poder Judicial con visos de querer controlarlo, a la Monarquía, la falta de un nuevo marco legislativo para combatir los rebrotes, la penosa contabilización de muertos, la falta de medios para los sanitarios… Pero el Sr. Abascal no hizo sino adulterar el legítimo propósito de reprobar la pésima gestión de Pedro Sánchez vertiendo una suerte de exageraciones torticeras, terraplanistas y del todo bochornosas. Un Abascal que hubiera sido propositivo, moderado, que hubiera tomado conciencia de la realidad del momento, de las necesidades del país, y que hubiera puesto encima de la mesa un programa alternativo, hubiera puesto al PP en apuros. Sin embargo, Vox se ha retratado como lo que es y el PP hace bien en votar «no» a una propuesta de gobierno anti-europeísta, irracional y radical.

La posición de Pablo Casado, a pesar de los errores de Vox, no era fácil. La solución lógica y menos arriesgada hubiera sido la de avalar los motivos por los que la censura se presentaba pero alegando que tan malo es el gobierno actual como aquel por el que se quiere sustituir. Sin embargo, en una, en mi opinión, magnífica intervención, Casado ha desmontado el argumento de Vox, lo ha posicionado contra el espejo mostrando la vacuidad de sus argumentos, lo irresponsable de sus ataques a la Unión Europea, su ethos exaltado y batallador, al tiempo que presentado al PP como único partido heredero de la tradición conservadora española.

Casado ha reivindicado los valores del centro-derecha español, los esenciales: el autonomismo y municipalismo, el racionalismo económico, y la tradición atlantista y europeísta. Abascal respondió al dirigente popular diciendo que él no iba a romper los gobiernos que apoya Vox en Andalucía, Madrid o Murcia por las palabras que le habían proferido. Casado, muy inteligentemente, recordó que aquellos son gobiernos en los que no está Vox, tan solo Ciudadanos y el PP. Vox firmó un acuerdo de investidura, no de gobierno, no de legislatura, y en su mano estaba darle los gobiernos de comunidades y ayuntamientos a la Izquierda. Tendría que explicar a sus votantes por qué lo hacía. De este modo, Casado se ha alzado como adalid del estado autonómico que Vox critica y demoniza. Ha sido precisamente la transferencia de competencias en materia de sanidad lo que ha hecho que las comunidades autónomas puedan gestionar la pandemia a salvo del errático proceder del ministro de Sanidad, Salvador Illa, y de Fernando Simón. El problema es que están faltas de medios jurídicos que el Gobierno de la Nación debe proveer legislando.

El racionalismo económico defendido por el PP va muy de la mano con su tradición atlantista y europeísta. El liberalismo económico en el interior solo puede conseguirse con una política exterior dirigida hacia la Unión Europea, hacia la integración europea, que no es lo mismo que la disolución de las naciones. Abascal, en el discurso en el que presentaba su programa, atacó a las instituciones europeas, a Angela Merkel, y habló de conspiración internacional. Casado responde:

Hace falta una alternativa sensata, serena, moderada, y pro-europea. ¿Cómo se le ocurrió a usted ayer venir a criticar a la Unión Europea en un momento en el que nuestro futuro por culpa de un gobierno irresponsable vuelve a depender de la solidaridad de nuestros socios? ¿Cómo vuelve usted a insultar a la Sra. Merkel, que es la presidenta de turno de la Unión Europea, que, junto a la Sra. Von der Leyen y la Sra. Lagarde, ha permitido que a España lleguen 140 000 millones de euros? ¿Qué deberíamos hacer? Lo que estamos haciendo nosotros: … exigir en lo que Sánchez está incómodo que es en la política real, en la gestión, en las preocupaciones que tiene la gente cuando apaga la luz de su mesilla de noche. ¿O usted qué cree, que a una pensionista le preocupa Soros o le preocupa si van a congelar su pensión? … Y usted pretende que nosotros apoyemos este desvarío estrambótico...

Pero además Casado, citando a Reagan, ha hecho referencia al hecho de que las sociedades ya no se miden en un espectro a la derecha o a la izquierda, de forma horizontal, sino en una barra, de forma vertical. Abajo, las sociedades cansadas, colectivizadas, intervencionistas, cerradas; arriba, las que son libres, plurales, que están abiertas al mundo. Ese es el verdadero liberalismo, el liberalismo de «una sociedad que aspira a ser más que el Estado». El PP se ha presentado como defensor de ese de ese modelo sociopolítico que esta opuesto de forma ontológica a lo que representa Vox — a pesar de que ambos compartan la crítica a Sánchez.

Toda la estrategia que desde Génova llevan meses intentado, con poco éxito, aplicar contra Vox ha de pronto brotado como un torrente incontenible de labios de Casado, que hablaba con una vehemencia, un vigor, una ilusión y una convicción que no se veía desde hacía tiempo en la Cámara. Puede que el PP lleve diciendo varios meses lo mismo, tratando de presentarse como la alternativa racional, centrada; nunca, hasta hoy, se había visualizado con tantísima claridad el proyecto del liberal-conservadurismo español. La segunda réplica de Casado a Abascal —ahí es donde ha llegado a su pináculo retórico— ha constituido el renacimiento de la Derecha española; un momento fundacional de la misma. «Queremos una España que vuelva a los proyectos comunes, que sea un proyecto sugestivo de vida en común. [Queremos] ese país de concordia que según Marías es el suelo donde descansan los acuerdos, no esa España cainita que ustedes intentan pintar». Evidentemente, ello no quiere decir que en las próximas elecciones generales el PP vaya a ser la única fuerza ocupando ese lado del espectro. Sin embargo, ha sido el último, me reafirmo, el último paso de la travesía por ese desierto que el liberal-conservadurismo venía atravesando desde que perdiera el poder el 1 de junio de 2018. Comienza ahora una vida nueva.

2 comentarios sobre “Renacimiento

  1. Alfonso , por primera vez difiero absolutamente con tu análisis….nos tomamos un cafe un dia y te doy mi version si quieres.

    .Fuerte abrazo y no dejes de escribir.

    Me gusta

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