Sonambulismo

Terremoto, tsunami… el análisis político que se hace en la prensa española no destaca por su uso de las figuras literarias; siempre se recurren al símil sencillo de la catástrofe natural. Pero lo que sucedió ayer, ese efecto dominó que comenzó con la moción de censura de Ciudadanos a su propio gobierno en la Región de Murcia y que terminó con una moción presentada por el PSOE en Castilla y León pasando por un adelanto electoral en Madrid, alberga muchas más sutilezas que las de un cataclismo. Partido Popular y Ciudadanos han ido caminando como sonámbulos hacia este desenlace pero solo en la Comunidad de Madrid (CAM) y Murcia. Castilla y León y Andalucía, a lo igual que en Madrid capital, tienen un esquema de coalición totalmente diferente y por eso a estos lugares no llegará “el terremoto”. 

Tanto en la CAM como en la Región de Murcia, PP y Cs pactaron porque se vieron obligados a entenderse y no fueron pocas la presiones por parte de la Izquierda para seducir a Ciudadanos. Fueron mucho más poderosas en estos lugares, donde venían de caer Cristina Cifuentes y Pedro Antonio Sánchez por casos de presunta corrupción, que por ejemplo en Andalucía, donde Cs había roto con el PSOE de Susana Díaz y se había negado a volver a reeditar aquel pacto. Además de eso, hay dos factores que garantizan la supervivencia de la coalición PP-Cs. El primero es el hecho de que Cs no puede permitir que regrese el PSOE a la Junta después de lo que fue la histórica victoria de 2018 que rompió con treinta y nueve años de hegemonía socialista. El segundo tiene que ver con la buena sintonía entre el presidente popular, Juan Manuel Moreno Bonilla, y el líder regional de Ciudadanos, el vicepresidente Juan Marín. Su buena relación ha solidificado la coalición y levantado por ello no pocos recelos en la dirección nacional de Cs (donde temen que el Sr. Marín se afilie al PP en el futuro). Es muy semejante está relación a la que hay entre José Luis Martínez Almeida y Begoña Villacís en Madrid capital, donde ni se piensa en una moción de censura.  En Castilla y León, Francisco Igea (Cs) siempre fue favorable a la Izquierda pero la dirección nacional (entonces dirigida por Albert Rivera) impuso el pacto con el PP: sin embargo, Igea se maneja cómodamente ya que se ha demostrado capaz de poder manejar a Alfonso Fernández Mañueco (PP) a su antojo. El Sr. Igea es más presidente de Castilla y León con Muñueco de lo que podría serlo gobernando con el PSOE. 

Los factores que garantizan la coalición de centro derecha en estos lugares están totalmente invertidos en los sitios donde ayer saltaron los gobiernos por los aires. En la CAM nunca hubo sintonía entre el PP e Ignacio Aguado (Cs) a quien se considera aún responsable indirecto de la cacería que se inició contra la Sra. Cifuentes y que acabó con su desgraciado ostracismo. El Sr. Aguado, hombre de izquierdas que quiso disputarle a Inés Arrimadas el liderazgo de Cs, se vio forzado a gobernar con Isabel Díaz Ayuso cuando hubiera estado más cómodo haciéndolo con Ángel Gabilondo (PSOE). El ruido de sables en la CAM ha sido una constante desde mayo de 2020 y esta era una contingencia para la que la Sra. Ayuso estaba preparada. Han hecho bien en esperar a que apareciera el fantasma de las mociones de censura en otros territorios antes de ponerse a conjurarlo. Las elecciones de mayo van a dar a la Sra. Ayuso un triunfo sólido que la van a encumbrar en el Partido.

En Murcia, se aplica una lógica contraria a la que mantiene a Cs atado al PP en Andalucía: en la Región, los de Ciudadanos tienen la oportunidad de romper con veintiséis años gobierno popular y además no para dárselo al PSOE (como sucedería en Andalucía) sino para quedárselo ellos. Una pura maniobra de poder (powergrab que dirían los anglosajones) sancionada por la Sra. Arrimadas que busca ganar el poder autonómico que en 2019 se regaló al PP para así tratar de revertir la debacle ocurrida en Cataluña. Pero en Murcia, ademas, la relación entre los socios se ha roto por la nociva influencia del secretario general del PP, el murciano Teodoro García Egea, que ha hecho de Murcia su laboratorio de experimentos de clientelismo provincial buscando su extrapolación al resto del territorio. Tanto en Murcia como Andalucía (que no en Madrid) el Sr. García Egea fue clave en la negociación de los pactos de gobierno con Cs e investidura con Vox. Algo debían aprender de esto en el PP nacional: la alargada sombra del secretario general le estará granjeando a Pablo Casado un partido leal y sumiso, pero de momento los manejos del Sr. García Egea se han llevado por delante un bastión autonómico. 

Las causas de la quiebra de gobiernos en la CAM y Murcia han estado presentes desde el momento que se constituyeron aquellos ejecutivos en 2019. La pandemia no hizo sino catalizar el proceso de ruptura en ambos lugares. En la CAM enfrentó directamente al Sr. Aguado y la Sra. Ayuso a raíz del estado de alarma especifico para Madrid (cuyo recurso ante los tribunales por parte de la Sra. Ayuso el Sr. Aguado públicamente condenó) y de la guerra abierta entre la Consejería de Sanidad (PP) y la de Asuntos Sociales (Cs), que terminó con la dimisión del consejero de Ciudadanos. En Murcia ha sido el tema de la vacunación a personal de la Consejería de Salud lo que ha dado alas a Ciudadanos, aunque las ambiciones de poder territorial detalladlas antes son mucho más explicativas de la decisión del partido en la Región.

Luego la situación en la que han acabado las coaliciones en la CAM y Murcia no es de extrañar. En ambos lugares tanto PP como Cs caminaban hacia la ruptura como sonámbulos y de pronto han despertado. Curiosa reflexión esta, porque lo que demuestra el sonambulismo de los que por conveniencia comparten cama es que rompe los sueños de coalición de forma repentina: la pareja se acuesta junta, ya se despertará el día de las elecciones cuando haya que pelear de nuevo, pero no saben los que la conforman que ambos son sonámbulos; comienzan a caminar zambos, como zombies, por el cuarto en penumbra, el uno hacia el otro, sin saber que lo hacen —están dormidos, siguen dormidos, quedan dos años para las elecciones— y de pronto, ¡zas! No lo han visto venir pero si se mira con perspectiva se ve que no iban hacia otra cosa que hacía el choque de cabeza. Esto  es para los que piensen que la coalición nacional PSOE-Podemos lo aguanta todo; un día se chocan y se despiertan — y aún faltaban años para que sonara el despertador electoral. 

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