Error de enfoque

Pedro Sánchez es un presidente derrochador, de políticas pretenciosas y fatuas. No ha dudado en actuar en connivencia con el independentismo ni en utilizar las instituciones de forma partidista. Sus políticas desaceleran el crecimiento económico y aumentan peligrosamente la deuda. Estuvo a punto de atentar contra la soberanía de las Cortes creando una mesa de partidos alternativa y ahora coquetea con una formación tan deleznable como EH-Bildu… ¿Qué está pasando para que las encuestas apunten a que será el próximo presidente del Gobierno? Es evidente que no puede ser por su gestión, de las peores de la Historia de España. El problema está en la Derecha, en una sucesión de errores, uno detrás de otro, que se remontan hasta el momento mismo de la moción de censura contra Mariano Rajoy el 1 de junio de 2018. ¿Cuándo se perdió el rumbo para que hoy el CIS, desprestigiado desde hace meses, parezca más real que nunca?

El liderazgo del Partido Popular no ha sido el problema. La caída de la Derecha no es atribuible a la persona de Pablo Casado y no lo hubiera sido a la Soraya Sáenz de Santamaría. Lo que ha lastrado al liberal-conservadurismo español ha sido el miedo a una amenaza que ellos mismos han construido: Vox. El problema ha sido pensar que Vox iba a irrumpir con fuerza y adoptar una estrategia preventiva que ha hecho que el PP se centre en las minucias de competir por unos votos que nunca corrieron peligro descuidando el centro.

La Teoría del Constructivismo defiende: «la anarquía es lo que los Estados hacen de ellas». Breve inciso a la teoría de las Relaciones Internacionales. La anarquía en este contexto describe un sistema internacional en el que no hay un poder superior al del Estado. Esta situación hace que no se sepa de dónde pueden venir las amenazas. Por ello, el Estado A se arma hasta los dientes, por si acaso. El Estado B, vecino de A, por la anarquía, no sabe que el Estado A está armándose porque tiene miedo; B solamente ve cómo A se rearma y eso le lleva a pensar que se está preparando para atacarle, por lo que empieza a rearmarse para defenderse. El Estado A, asistiendo al rearme del Estado B, ve confirmadas sus sospechas de que estaba en peligro y ataca antes de que B esté preparado. Esto es lo que se conoce como el dilema del prisionero, típico de un sistema internacional anárquico. Así es como se explican carreras de armamentos como la de la Guerra Fría. En estas circunstancias, defiende el constructivismo, la anarquía la forjan los propios Estados con su percepción de la realidad: viendo la realidad como un mundo de peligro, el Estado A tenía una propensión natural a armarse para defenderse. Para A, la agresión de B era algo que iba a suceder sí o sí, luego era mejor adelantarse. B se vio involucrado en una guerra que no planeó en un primer lugar.

Bien, esto es lo que ha sucedido con el Partido Popular y Vox. Hemos sido los propios liberal-conservadores los que hemos creado, con nuestra percepción, la amenaza de un voto que se fuga a la extrema derecha. La propia añoranza de un perfil más ideológico en Rajoy no ha causado el ascenso de Vox. De haber sido así, Vox hubiera tenido presencia desde el momento en el que se escindió del PP en 2014. Ha sido en 2018 cuando ha emergido porque, al caer Rajoy y quebrarse la relativa calma que existía, los que siempre añoraron un perfil más duro han empezado a temer que viniera algo nuevo que lo representara. El giro a la derecha del PP para evitar esto ha dado visibilidad a un discurso que hasta entonces había permanecido en la sombra. Hablar de una ideología más dura ha supuesto hablar, indirectamente, de lo que iba a ser Vox — que además ha sido un movimiento incentivado por la Cuestión catalana.

El error del PP ha sido abandonar del centro, que es por donde más votos perdía, para cortar una hemorragia que no era significativa. Querer cortar a Vox se ha hecho a costa de perder el enfoque de Estado. Los liberales-conservadores nos hemos parado como pasmarotes a pensar si la Ley de Violencia de Género discriminaba a los hombres o no, si se llamaba Violencia de Género, Contra las Mujeres, Machista o Intrafamiliar; cuando el problema es que se trata de una ley que no ha cumplido con su cometido porque desde que se implantó en 2004 el número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas no ha bajado de 57 al año. El PP se ha dejado arrastrar a estos debates y cuando se ha visto dentro se ha dado cuenta de que eran arenas movedizas. Acabó llamando a la violencia de género «violencia intrafamiliar», sentando desde aquel momento un parecido con Vox. Para cuando rectificó y trajo coherencia al asunto, diferenciando la violencia intrafamiliar de la de género, fue tarde. Con el aborto ha sucedido lo mismo: una serie de comentarios carentes de sentido, de pensamiento, urgidos por la última declaración hecha por Santiago Abascal, marearon la perdiz haciendo que el PP pareciera incoherente, confuso, condicionado por Vox. Para cuando emergió la solución racional, la Ley de Apoyo a la Maternidad, era tarde otra vez. Ya estaban enfangados con los desperdicios de la extrema derecha.

Al PP lo ha dominado el miedo a la cantidad de titulares acaparados por Vox. Pero no se ha dado cuenta de que han sido titulares repetidos con megáfono por los medios solamente por su radicalismo y su irracionalidad. La posición que el PP ha adoptado respecto al tema de las armas ha sido la más coherente, la que ha aprendido de los errores. No se le puede brindar atención a ideas extremistas, aunque luego se rectifique con la mejor de las propuestas. El liberal-conservadurismo ha ido dando palos de ciego tratando de descabezar de un golpetazo a la extrema derecha, sin conseguirlo y perdiendo completamente el norte mientras lo intentaba. Se han perdido de vista las verdaderas fuerzas del PP que son la preparación, la experiencia y su agenda económica, que es la que ha brindado prosperidad a España. Se ha vuelto al camino demasiado tarde. Durante nueve meses de gobierno desastroso de Sánchez se debería haber apostado por una oposición mucho más política, mucho más basada en la gestión, que es donde nadie puede competir con el PP. Parece que en Génova han aprendido esto, con sus últimas 500 medidas de gobierno, pero demasiado tarde.

A todo ello se ha sumado el erróneo discurrir de Ciudadanos, que ha carecido de cualquier tipo de visión estratégica. El partido de Albert Rivera ha demostrado que sigue siendo un partido de principiantes, sigue sin ser un partido de gobierno por mucho que se visualice como la nueva UCD. Su reclutamiento de «fichajes» ha sido obsceno. El que más me ha llamado la atención es el de Celestino Corbacho: ministro sin carrera de Empleo durante el periodo que más creció el paro en España, 2008-2010. El ofrecimiento de ir a las elecciones en coalición después de cerrarse las listas ha colmado el patetismo del partido naranja: confiaban en que ir a los electores diciendo que iban a formar un gobierno de coalición con el PP, como ya todos sabíamos, era equivalente a ir en unas listas conjuntas. Falta pragmatismo en Ciudadanos y lo peor es que no se dan cuenta: Ciudadanos considera que ser pragmático es lo mismo que ganar. Por eso Inés Arrimadas no se presentó a una investidura pese a ser la candidata más votada tras las elecciones catalanas. Por eso no se presentó una moción de censura contra Sánchez en febrero, cuando se descubrió su capitulación ante el independentismo con la famosa mesa de partidos y el relator. Ciudadanos no ha entendido ni la sutileza del pragmatismo, ni el posibilismo de la realpolitik. Rivera y los suyos son víctima de lo peor que a mi juicio puede haber en política: un idealismo tontaina, no se puede definir de otra forma.

Por realista puedo pecar de pesimista. El 28-A no va a dar la victoria a la Derecha pero cuando se repitan las elecciones en octubre o noviembre de 2019, el PP se habrá recuperado si sigue en el camino que nunca debió abandonar: el del centrismo. Pero no veamos centrismo como un PP posicionado más a la izquierda, no. Centrismo es una forma de decir pragmatismo, moderantismo, las posiciones desde las cuales el PP puede explotar su potencial que es el del buen gobierno. En los extremos no se hace política, se hacen arengas; ahí están Vox y Podemos para demostrarlo. La gobernación se ejerce desde el espacio amplio del pragmatismo y la moderación. Nos tenemos que dar cuenta de que los extremos del espectro son muy estrechos. Ahí no cabe nada que nos interese.

2 comentarios sobre “Error de enfoque

  1. Alfonso coincido con tu visión en muchos puntos. Te aconsejo, si no lo has hecho, leer el libro de Drago sobre Abascal o al menos escuchar alguna de las entrevistas que le han hecho al respecto….sinceramente creo que el PP debería parecerse mas a Vox en el liderazgo y el acercamiento a los votantes. Y también creo que el gran problema del PP es no afrontar con valor y dignidad el problema de la corrupción que han tenido, que es el gran mal de ese partido .
    No deberían de parar de pedir perdón a los españoles por los caso que ha habido y la mala gestión que han hecho del problema. Dejarse de ¨y tu mas¨ y discursos de laboratorio que aburren. Quitarse todos los lastres de ese partido tipo Esperanza, etc,, Dejar de hacer listas que parecen un programa de cotilleo culminado con la gran metedura de meter en las listas a Suarez Illana un perdedor nato.
    Rodearse de talento y menos estrategia de marketing y pensar que los españoles somo anormales y no sabemos lo que hay que votar.

    Si no lo hacen VOX les pasara y con razón.

    Sigue escribiendo¡¡¡¡
    Fuerte abrazo.

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    1. Muchas gracias por tu comentario!! Completamente de acuerdo en hay una parte de las listas del PP que deja mucho que desear , pero no los exministros, algunos muy preparados como Tejerina, y a personas como Suarez Illana, que es moderado y tiene buen criterio a pesar del desliz en aquella entrevista de Onda Cero. No creo que en temas de liderazgo deban imitar a Vox porque al final es en el propio liderazgo donde radica su populismo. Y respecto a la corrupción, ha faltado sin duda autocrítica en etapas anteriores pero al PP de Casado creo que no se le puede exigir una responsabilidad por lo que hiciera el PP de los 90, que es cuando se fraguaron la mayoría de casos de corrupción. Muchas gracias por leerme, ¡un abrazo!

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